REAL COMPAÑÍA DE CARACAS
Comercio en alta mar
"Resulta que junto al vasco "volcado hacia dentro" hay otro con intensas
relaciones con el exterior, que desarrolla la industria y el comercio, la arquitectura naval, la fabricación de armas y herramientas, negociando con ellos lejos de su tierra." [Julio Caro Baroja]
A principios del siglo XVIII abundaron compañías de carácter comercial (Real Compañía de Guinea -Francesa-, Compañía de Asiento -Gran Bretaña-, etc.) que influyeron directamente en las relaciones entre diversas potencias europeas, ya que éstas intervinieron directamente en el comercio con las colonias españolas. Estas compañías traficaban con esclavos y contrabandeaban, perjudicando notablemente los intereses económicos de la corona española.
En este contexto fue cuando surgió la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas (1728-1781, convirtiéndose posteriormente en la Compañía de Filipinas) y que se cimentó en base a acciones con inversiones de capital vasco (principalmente guipuzcoano) y de la Corona española. Esta compañía tendría el monopolio comercial con la provincia de Venezuela (cuya sede se situó en La Guaira), convirtiéndose en la única compañía que podía vender toda clase de mercancías importadas y también la única que podía comprar los productos y llevarlos a España. El resultado no pudo ser mejor, y la R.C.G.C. logró llevar a cabo sus objetivos empresariales, convirtiéndose en un ejemplo de gestión en la época.
Cabe destacar que la flota mercante de la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas estuvo constituida por una serie de navíos con una tecnología y unas características tan avanzadas que sobresalían notablemente, lo que era un gran botín para las armadas de otros países europeos.