El ARTE DE LA PESCA

Tradición, evolución y un incierto futuro

 

Entre las empresas marítimas realizadas por los vascos, la pesca ocupa el primer lugar, ya que desde la Edad Media existen referencias escritas sobre sus actividades en la captura de la ballena.

La pesca en Gipuzkoa siempre mantuvo dos vertientes: la de bajura y la de altura. La primera se da en la zona próxima al litoral, donde embarcaciones de vela, remo, y, posteriormente, a motor, desplegaban sus artes de pesca. A partir del siglo XIX las artes de pesca más comunes fueron la cacea, el palangre, el enmalle, el cerco y las nasas. Las principales especies capturadas eran la anchoa o boquerón, la sardina, el besugo, la merluza, el bonito y el atún.

La pesca de altura suponía un mayor reto y mayores ganancias, aunque se limitaba a dos especies: la ballena y el bacalao. Se inició en el siglo XVI en aguas de Terranova y Labrador; pero tras el Tratado de Utrecht, en 1713, Francia y España perdieron el derecho de pesca en aquellos caladeros.

A principios del siglo XX la pesca de altura volvió a tomar fuerza, en especial la del bacalao en aguas canadienses. Se empleaban redes de arrastre en su captura, y se salaba a bordo para su conservación. Con la aparición de los primeros buques congeladores se inició la explotación de otros caladeros, y de especies nuevas como la merluza, el fletán, el atún, etc.

La crisis en la que el sector pesquero está sumido ahora tiene varios orígenes y registra numerosos aspectos, pero queda claro que es necesario adaptar su sistema de producción a los nuevos escenarios. Hay que encontrar un equilibrio entre la explotación de un recurso natural como el mar y las necesidades propias de una industria milenaria.